Pido una disculpa por mi larga ausencia. He estado en la Ciudad de México trabajando en la segunda parte de mi documental y en una portada para el disco nuevo de Fey. Lo anterior aunado a ver a mis amigos y familia han causado que el blog quedara un poco en el olvido.

Como preludio al texto siguiente me gustaría comentar que, aun cuando yo nací y fui criado en un entorno judío, he vivido gran parte de mi vida en un país predominantemente cristiano y comparto mi vida con una niña hermosa que fue educada en el budismo. Además, me considero prácticamente secular pero con un enorme interés por lo místico y espiritual. Durante mi vida he tenido la suerte de rodearme de amistades cuyas cosmovisiones son tan variadas como es posible.

Salí de la Ciudad de Vancouver justamente cuando comenzaban las noticias sobre la ofensiva israelí en Gaza. Desde que llegué a México, uno de los temas que surge constantemente en conversaciones es el de ésta reciente encarnación del conflicto y, como siempre, las opiniones están altamente polarizadas. Algunos de mis amigos y familiares que respetan mi opinión me han preguntado sobre quién creo yo que tiene la razón.

Por la naturaleza de este sitio y la obra que aquí presento, he decidido explicar mi postura hablando de lo que los físicos llaman sistemas dinámicos. En el universo existen sistemas dinámicos lineales y no-lineales, siendo los segundos los más comunes. Una de las diferencias básicas entre estos sistemas es su grado de previsibilidad. Los resultados de un sistema lineal, por ejemplo la velocidad con la que cae una manzana sobre la cabeza de Isaac Newton o la trayectoria de un misil de corto alcance, son bastante predecibles. Los resultados de un sistema no-lineal, por ejemplo el punto exacto en que crecerá una manzana bajo una rama o las repercusiones personales y sociales de un misil al explotar, son altamente impredecibles.

La dificultad para predecir sistemas no-lineales es que, además de estar conformados por un sinfín de variables, la magnitud final de una variable no es siempre proporcional a su magnitud inicial. A esta característica de los sistemas no-lineales se le conoce popularmente como el “efecto mariposa”.

Cada uno de nosotros somos un sistema dinámico no-lineal. Si fuéramos sistemas lineales, la mayoría de los niños del mundo serían bomberos o astronautas. Sin embargo, la vida es sumamente impredecible y termina llevándonos por caminos insospechados. Por años estás seguro que quieres estudiar ingeniería, sin embargo un día te sientas, contemplas por un par de horas al sol bailar sobre la superficie del mar, y cuando te levantas has decidido ser diseñador gráfico. ¿Qué mágico e hipnótico efecto ejercieron estos destellos marinos sobre el sistema?; si lo supiera, sería un hombre más sabio, sin embargo no lo sé y por lo tanto soy tan sólo un diseñador gráfico. A veces, es muy difícil comprender este cauce no-lineal en el que transcurre nuestra vida, sin embargo es esta incertidumbre la que nos brinda el encanto de lo impredecible, haciéndola estimulante, excitante y dramática.

Una sociedad es un complejo sistema dinámico no-lineal integrado a su vez por los sistemas no-lineales que somos nosotros. Un país está conformado por una gran diversidad de grupos sociales, lo cual lo convierte en un sistema no-lineal infinitamente complejo. Es por esto que, quien se jacta de comprender el comportamiento, propósito e intención de naciones enteras, meramente se engaña a sí mismo (y desgraciadamente, a veces, también a los demás).

En un laboratorio, cuando se intenta comprender un sistema no-lineal, es importante conocer con la mayor exactitud posible todos los estados pasados, presentes y futuros de sus variables. En mi caso personal, hay partes de mi pasado que ya olvidé y otras que seguramente he reinventado; mi presente es cambiante y mi futuro incierto. Sabiéndome ignorante del sistema dinámico que soy yo mismo, no me atrevería a afirmar que entiendo las complejidades de países completos y mucho menos de aquellos que se encuentran en su estado mas caótico y entrópico.

Es por lo anterior, entre otros factores, que me es imposible tomar partido. Además, para tomar partido, tendría que asumir que un grupo u otro deba o pueda ganar la guerra. Sin embargo, una guerra no se puede ganar más de lo que se puede ganar un terremoto, un tsunami o un incendio. Una guerra es un desastre en el que todos perdemos. Adoptar una opinión radical a favor de un grupo u otro, no demuestra conocimiento, únicamente saca a relucir los prejuicios e ignorancia de quien expresa la opinión. Lejos de ayudar a la solución del conflicto, las opiniones radicales son parte del mismo. De cierta forma, mucha de la gente inocente que hoy sufre en Gaza e Israel, son en sí víctimas de la absurda certidumbre absoluta de los grupos radicales de ambas sociedades.

Así que ¿quién tiene la razón?, ¿el niño israelí que no verá regresar a su padre o la madre palestina cuyo hijo muere en sus brazos?. Me niego a emitir semejante veredicto. Lo único que puedo decir es que mi amor y compasión están con ambos, y que me siento apenado de ser parte de una especie que aún se agrede de maneras tan brutales.

Se ha dicho que la definición de locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes. Cada vez que vuelan las balas el mundo toma partidos y el conflicto, lejos de resolverse, se vuelve mayor. Cada lado cree que su postura es la correcta, por lo que habla y actúa de acuerdo a esta suposición, pero ya lo dijo Gandhi “no hay camino hacia la paz, más bien la paz es el camino”. Tú eres tu mundo, si en ti hay ira, odios y prejuicios, los habrá también en tu mundo. Te invito a que esta vez practiquemos la paz y seamos parte de la solución y no del problema.

Sugiero que dejemos de escuchar a los supuestos “expertos del conflicto”; estas figuras oscuras que habitan en los medios masivos de comunicación y cuya profesión e ingresos dependen de que los conflictos continúen. Ellos no son más que seres incendiarios que le echan más leña al fuego ya que tienen intereses creados. En vez, escuchemos a los que han hablado sobre cómo prevenir el surgimiento de conflictos. Me refiero a los gigantes que se niegan a ser etiquetados y definidos, que no buscan el consenso sino la verdad, que no segregan ni se auto-segregan y que no ven en un extraño al “otro” sino a un hermano. Me refiero a los sabios que han existido en todos los tiempos y han surgido de todas las culturas. Un conjunto de seres que hoy he reunido en lo que llamaré la “Liga de Damas y Caballeros No-Afiliados”. La única forma de pertenecer a este selecto grupo es no estar ansioso por demostrar pertenencia a ningún grupo, es por esto que todos los miembros aquí incluidos, aparecen sin su previo consentimiento. A mí me encantaría pertenecer a esta asociación, por lo que he quedado automáticamente descalificado. Sin embargo me alegro de simplemente poder exponer a algunos de sus integrantes. Ojalá que su palabra y obra sea escuchada y que, a través de su sabiduría nos acerquemos cada vez más al sueño de un mundo en paz.

LA LIGA DE DAMAS Y CABALLEROS NO-AFILIADOS (Lista parcial, muy parcial. En extraño orden aleatorio)

  • Lao Tse
  • Bob Dylan
  • Lawrence Lessig
  • Mawlānā Jalāl ad-Dīn Muḥammad Balkhī (Rumi)
  • Thich Nhat Hanh
  • Joni Mitchell
  • Buda
  • Galileo Galilei
  • Don Miguel Ruiz
  • Gibrān Khalīl Gibrān
  • Jiddu Krishnamurti
  • Elisabeth Kübler-Ross
  • Martin Luther King, Jr.
  • Ginetta Sagan
  • Jesus
  • Jorge Luis Borges
  • Muhammad Yunus
  • Leonard Cohen
  • Socrates
  • Chris Anderson
  • Chögyam Trungpa
  • Farid ad-Din Attar
  • Pema Chödrön
  • Neil Young
  • Warren Buffett
  • Tenzin Gyatso (XIV Dalai Lama)
  • Sharon Salzberg
  • Woody Guthrie
  • Albert Einstein
  • Jane Addams
  • Miguel de Cervantes
  • Shunryu Suzuki
  • John Lennon
  • Sergey Brin and Larry Page
  • Aung San Suu Kyi
  • Eckhart Tolle
  • Isabel Allende
  • Sogyal Rinpoche
  • Rosa Parks
  • Jimmy Wales
  • Antoine de Saint-Exupéry
  • Bill Strickland