El propósito primordial de una ley o regulación debe de ser el de proteger y servir al público al que regula. Una ley que criminaliza el comportamiento generalizado de la población, es absurda y debe de ser tratada como tal.

Desde hace casi dos décadas, parte de mi trabajo como comunicador visual ha sido el de crear el arte que acompaña a más de 80 producciones musicales. Mi lista de clientes incluye a EMI Capitol, Warner Music, Universal y Sony/BMG y he trabajado con artistas de la talla de Luis Miguel, Maná, Fey, Café Tacvba, Aleks Syntek, Paulina y Ximena Sariñana entre otros. He vivido de manera muy personal la caída de la industria disquera; hoy desarrollo proyectos similares a los que desarrollaba hace 10 años, pero lo hago por una cuarta parte de lo que solía cobrar. En general, sigo interesado en trabajar con músicos y artistas ya que, aunque la paga es bastante menor, la experiencia sigue siendo más enriquecedora que hacer diseño publicitario.

Además de mi labor en el campo del diseño comercial llevo 5 años siendo profesor de comunicaciones visuales en el Vancouver Film School. En uno de los cursos que imparto discutimos extensivamente el estado actual de la ley de derechos de autor y sus implicaciones a nivel social y cultural. El día de hoy me enteré de las recientes iniciativas que ha adoptado la Sociedad Mexicana de Productores de Fonogramas, Videogramas y Multimedia (SOMEXFON) respecto a una implementación rigurosa y exagerada del artículo 131 Bis de la Ley Federal del Derecho de Autor. A continuación expongo mi punto de vista al respecto, intentando ser lo más imparcial posible y hablando desde una perspectiva menos legal y más de sentido común. Sé que muchos de mis clientes y las asociaciones legales que los representan están sufriendo los recientes cambios que la revolución digital ha suscitado, sin embargo, me parecería un grave error apoyar regulaciones que protegen a un segmento de la industria a expensas de la sociedad en general.

La SOMEXFON ya cobra regalías a establecimientos que, de forma directa,  generan ingresos al reproducir música y/o videos. Pero ahora, bajo una interpretación extremista del artículo antes mencionado, la SOMEXFON pretende cobrar regalías a cualquier pequeño y mediano comercio que reproduzca música, aun en los casos en los que dicha reproducción tenga muy poco que ver con la generación de ingresos de dichos comercios. Bajo esta interpretación, desde una tortería hasta un autobús y un baño público deberán pagar regalías. Me queda claro que un cliente atienda o no a una discoteca con base en la selección musical que en ésta se programe, pero dudo que alguien tome o deje de tomar el autobús o se abstenga de orinar basándose en estos mismos parámetros. También es importante mencionar que hoy existe una gran cantidad de música independientes y de dominio público, sin embargo, esta ley se aplica aun cuando en la gran mayoría de los casos la SOMEXFON no tenga la menor idea de qué porcentaje de la música reproducida le pertenece a sus agremiados; el poseer un reproductor es motivo suficiente para ser víctima de esta nueva medida.

En el caso de la radio, la difusora es quien paga el derecho de reproducción ya que se beneficia directamente al vender la publicidad que, constantemente, interrumpe la programación musical. El hecho de que gran parte de ese dinero regrese a las radiodifusoras en forma de payola es una situación que las mismas disqueras han causado en su afán por imponer sus productos en las listas de popularidad. Me parece absurdo pretender que un pequeño negocio deba pagar por encender la radio ya que tanto el propietario como sus clientes son forzados a escuchar los mencionados mensajes publicitarios. El radioescucha siempre ha pagado con lo más valioso que posee que es su atención. 

Hoy toda canción, texto, imagen, película o video puede ser traducido a una secuencia de unos y ceros. El término información y cultura son ya sinónimos, por lo que las leyes que pretendan regular el acceso de una comunidad a la información digital, estarán regulando de manera directa la distribución, comercialización y desarrollo de la cultura. Es por lo anterior que este tema es de suma importancia.

Los medios digitales, en combinación con las redes satelitales, han permitido la creación y distribución de material cultural como nunca antes se había presenciado, y sería lamentable que la falta de visión y adaptabilidad de una industria ponga en peligro la libertad que estos nuevos medios han otorgado a las comunidades creativas. SOMEXFON, así como la Recording Industry Association of America (RIAA) en los Estados Unidos, afirman que lo único que pretenden es proteger a los autores para que estos puedan continuar creando la música que todos disfrutamos y que, por consiguiente, sus acciones promueven la cultura. Sin embargo, esta postura ha demostrado ser poco genuina y, a nivel práctico, ha representado más una defensa de los sistemas arcaicos de producción y distribución que de los intereses de los artistas a los que estos sistemas solían representar.

La SOMEXFON y la RIAA continúan afirmando que sin sus intervenciones, eventualmente los autores dejarán de ser remunerados y esto creará una escasez cultural. Sin embargo, la realidad es que durante los miles de años anteriores a las leyes modernas de derechos de autor siempre existieron escritores, músicos y pintores extraordinarios. De hecho, hasta finales de los años 70, cuando las leyes de derecho de autor eran mucho más relajadas y el control de los medios de producción y distribución menos centralizado, la variedad musical era mucho mayor a la actual. De los 80’s en adelante, décadas en que se consolidan los grandes monopolios culturales de hoy, la homogeneidad de la música popular ha ido en aumento; y son a estos grandes monopolios a los que el sistema actual protege, no a los autores. La democratización de la producción y distribución de material cultural que los medios digitales han generado nos beneficia a todos, pero especialmente a la infinidad de autores que producían y producen de forma independiente. Una gran variedad de música es rechazada constantemente por los monopolios culturales debido a que no es considerada de alto valor comercial. Organizaciones como la RIAA asumen que sin su “protección” dejará de haber música ya que se les olvida que no todo el mundo trabaja únicamente por dinero y que, en el caso de los auténticos artistas, el crear algo bello y verdadero es, en sí, una gran recompensa.

Durante mis 18 años trabajando dentro de la industria de la música he sido testigo de la baja participación que reciben la gran mayoría de los artistas por la venta de formatos físicos. Lo que realmente le genera ingresos a la mayoría de los músicos son las presentaciones en vivo. La mejor manera de llenar un Auditorio Nacional o un Estadio Azteca es lograr una gran difusión del material fonográfico a través de los medios de comunicación masiva. Si la SOMEXFON realmente estuviera vigilando los intereses de sus artistas, no implementaría medidas extremas que obstaculicen dicha difusión. Ya es lo suficientemente difícil para los artistas el ser programados en la radio nacional, en gran parte debido a la práctica ilegal pero inevitable de la payola, como para hacer la difusión de su obra aún más difícil. Contar con un sistema de radio que programara de manera incondicional todo tipo de propuestas musicales beneficiaría realmente a los compositores e intérpretes de nuestro país ¿por qué, entonces, no intenta la SOMEXFON solucionar este problema? o ¿por qué no atacar con más fuerza y determinación a la piratería?. Me queda claro que es más difícil y costoso enfrentar a estas mafias que intimidar a un pobre peluquero cuyo único crimen es el de escuchar unas cumbias mientras hace su trabajo. Reinventarse y combatir los problemas desde sus raíces cuesta dinero mientras que encontrar nuevas formas de cobrar “regalías” lo genera.

El tema de la propiedad intelectual y los derechos de autor es sumamente complejo, por lo que polarizarlo sería un error. Definitivamente los autores deben trabajar en un ambiente legal y cultural que les permita generar ingresos, pero criminalizar a su púbico no ha sido ni será nunca la solución. Es interesante el caso de las grandes disqueras internacionales que por años han lanzado material de pop y hip-hop que promueve el egocentrismo así como las actitudes antisociales y criminales, y ahora se espantan porque una niña de 15 años se sienta con el derecho de bajar una canción de internet sin pagar un centavo. Eminem y 50cent glamorizan la vida criminal, tachan a las mujeres de prostitutas y proclaman que lo importante es volverse rico o morir en el intento, pues que no se extrañen de que sus fans sigan sus consejos y se “roben” su música. Por décadas, Bob Dylan y Silvio Rodríguez han cantado sobre la tolerancia, la igualdad y la justicia social y yo, así como un gran número de sus fans, aún pago con gusto cada nueva producción.

En lugar de buscar nuevos culpables por sus bajas ventas, la actual industria de la música debe buscar la manera de transformarse, debe crear nuevos e innovadores modelos para generar ingresos o morir. La música, al igual que las demás artes seguirá viviendo más allá de los cambiantes esquemas comerciales y legales. Por mi parte, estoy seguro de que lo que está sucediendo con la cultura en general es beneficioso para la comunidad creativa y, por lo tanto, para la sociedad en la que dicha comunidad se desarrolla. El trabajo que por años tanto disfruté está a punto de extinguirse, sin embargo, la desaparición del formato físico no solamente significa la eliminación del arte impreso, significa también que los millones de cajitas y CD’s de plástico que contaminan a nuestro planeta ya no serán necesarios, y que millones de árboles no serán talados con el único propósito de reproducir infinitamente una fotografía de Justin Timberlake o Luis Miguel. En general, el futuro puede ser más brillante de lo que nunca ha sido, pero es necesario reajustar la mirada y ser honestos y valientes.

Lo que hace hoy la SOMEXFON es penoso y son las patadas de ahogado de un sistema que ya no tiene cabida en este siglo.